¿Son los gatos malos compañeros?

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¿Son los gatos malos compañeros?
Los felinos tienen su manera bien particular de relacionarse con los humanos

En nuestro refrigerador hay un magneto que dice: “The cats and the housekeeping staff live here”. En pocas palabras, esta frase resume la relación básica entre gatos y humanos, pero también la relación entre perros y humanos, hamsters y humanos, tortugas y humanos, y  (you name the pet) y humanos.

Esto viene a cuento porque he escuchado y leído algunas opiniones sobre qué tan malas mascotas son los gatos: no son agradecidos, no son complacientes y pueden incluso, ser distantes o indiferentes. Me parece que este pensamiento sobre los gatos tiene dos problemas de fondo.

Primer problema: generalmente quien sostiene esta idea usa a los perros como punto de referencia. Un perro busca a su humano, le gusta recibir cariños, siempre está dispuesto a jugar e incluso se ha demostrado que siente afecto por su cuidador. Pero tener un gato en espera de que se comporte como perro es un camino seguro hacia la decepción. Un gato (y también un perro, un hamster o cualquier otro animal en casa) tiene su forma particular de comunicarse y establecer una relación entre su misma especie y con los humanos, y no tiene porqué ser similar a otra. Hay honrosas excepciones, como esta belleza:

Segundo problema: quien dice que los gatos son malos compañeros porque los humanos sólo les servimos para limpiar y alimentarlos, en esencia no ha comprendido que eso es justamente parte del trato cuando decidimos tener una mascota, no importa si es gato, perro, cerdito, pajarito o whatever.

Por eso tener un animal en casa requiere estar consciente de la responsabilidad y la entrega que demanda. Si lo vemos fríamente, quienes compartimos el techo con animales de cualquier especie somos sus servidores: los cuidamos, los limpiamos, los entretenemos, nos preocupamos por su salud, los alimentamos, sólo porque nos acompañan. Por eso son animales de compañía.

Prácticamente toda mi vida he tenido perros, pero hoy convivo con dos gatos especiales que se relacionan con la pareja de humanos que les servimos de maneras muy distintas. Trip, nuestro gato cojo, es bastante gruñón, no tolera las caricias por mucho tiempo y entendemos que su forma de expresar cariño es mordernos la nariz o la barbilla. Teté, nuestra gata ciega, se tira panza arriba para ser acariciada y juega como un perro: trae su juguete de regreso cada vez que se lo lanzamos.

¿Es Trip malo y es Teté buena? No lo creo; sólo son diferentes, diversos, aunque comparten especie. Y si como humanos entendiéramos mejor la diferencia y la diversidad entre los animales de nuestra misma especie y entre los de otras especies, aberraciones como la homofobia, el machismo, el racismo, la misoginia y tantas otras formas violentas que tenemos para relacionarnos, no serían un problema.

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