Píldoras de placenta contra la depresión posparto, ¿servirán?

Ningún estudio científico indica que esta práctica tenga beneficios, pero cada vez más mujeres la siguen

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Píldoras de placenta contra la depresión posparto, ¿servirán?
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Foto: Getty

“Durante el embarazo de North oí toda clase de historias de madres que nunca comieron la placenta de su primer hijo y sufrieron depresión postparto. Con el segundo tomaron píldoras de placenta y no la sufrieron”. Esa es la razón por la que la estrella de la televisión Kim Kardashian decidió en su segundo embarazo, el de Saint West, adoptar una práctica que había rechazado en la primera experiencia como madre: la placentofagia.

Así lo explica, al menos, en su página de internet. Su argumento —la supuesta eficacia de este efímero y sangriento órgano para prevenir la depresión después de dar a luz—, es el mismo que han esgrimido otras famosas que se apuntaron a la moda.

Sin embargo, ningún estudio clínico riguroso avala ese presunto beneficio. Aún así, y aunque siga siendo una práctica minoritaria, la ingesta de placenta está ganado adeptos día a día sobre todo en Estados Unidos y en Europa.

Fue el actor estadounidense Tom Cruise quien abrió la veda, cuando en 2006 adelantó a la revista GQ su intención darse a la placentofagia cuando naciera su hija Suri. “Me voy a comer la placenta. Pienso que será bueno, muy nutritivo. Me comeré el cordón y la placenta ahí mismo“, dijo en concreto, aunque días después aclaró que fue “una broma”.

Otras famosas, sin embargo, se tomaron la cuestión en serio. Gaby Hoffmann, actriz estadounidense conocida por su papel en la serie Girls, recomendó recientemente a las madres cortar la placenta en 20 rodajas, congelarlas y añadir una de ellas cada día a un batido de frutas.

Pero el formato que parece estar de moda últimamente es consumirla en píldoras. Así admitieron haberla tomado January Jones, quien interpreta a Betty Draper en la serie Mad Men, o la actriz y activista vegetariana Alicia Silverstone. Y la última en publicitarlo ha sido Kim Kardashian, cuya capacidad para marcar tendencias es de sobra conocida.

Supuestos beneficios

Estas mujeres, así como otros defensores de la práctica, no solo insisten en la supuesta eficacia de la placenta para combatir la depresión postparto. También aseguran que aumenta sus niveles de energía y estimula la producción de leche materna.

Y señalan que lo practican otros mamíferos, aunque no está claro si la ingieren por su contenido de hierro o para que el olor a sangre no atraiga a depredadores que puedan matar a la cría. Sea como sea, ninguno de estos presuntos beneficios ha sido probado hasta el momento en un estudio clínico relevante. Como tampoco ha sido avalada una terapia para tratar lesiones a base de placenta de yegua.

A ese tratamiento se sometió, por ejemplo, en 2014 el futbolista brasileño nacionalizado español Diego Costa, entonces jugador del Atlético de Madrid y hoy delantero del club inglés Chelsea.

Donde sí se ha utilizado con éxito es en el laboratorio para regenerar con sus células madre un hígado dañado, así como parte de una terapia para combatir el cáncer de pecho. Y se sabe que el órgano que actúa como hígado, riñón y pulmones del feto durante la gestación contiene un alto nivel de ácido hialurónico y colágeno, dos sustancias ampliamente utilizadas en los cosméticos antiedad.

Pero que sea efectiva contra la depresión que muchas mujeres sufren trar el parto, o influya en la cantidad de leche que éstas producen, es algo de lo que no se tiene constancia. Y de la misma manera, tampoco está probado que comer placenta esté exento de riesgos.

Sin pruebas

“Tenemos muchas pruebas anecdóticas que apuntan a que las mujeres experimentan beneficios reales”, reconoció a BBC Mundo Daniel Benyshek, antropólogo médico y profesor de la Universida de Nevada-Las Vegas. “Pese a ello, la mayoría de los profesionales de la salud se muestran escépticos ya que no hay estudios científicos que confirmen no solo que el consumo de placenta es efectivo sino también seguro”.

Por ello, apuntan a que su efecto es placebo. Aún así, son varias las empresas que vieron un potencial negocio.

En Reino Unido La Red de Encapsulación de Placenta (IPEN, por sus siglas en inglés) se encarga de recoger ese órgano una vez sale del útero y prepara con ella una primera bebida y seca y encapsula el resto. Cobra por ello unos $250 por las cápsulas y $40 por la bebida.

Las tarifas de la Brooklyn Placenta Services, con base en Nueva York, son algo más altas: $350 por las píldoras. Las preparan con asesoramiento de la Asociación de Artes para Preparar la Placenta (APPA, por sus siglas en inglés), y saca entre 80 y 125 cápsulas por placenta.

Y estos servicios también se están extendiendo en América Latina. En México, Amaren es uno de los proyectos que lleva a cabo el encapsulamiento de placenta. Y son cada vez más las mujeres que se apuntan a ello.

“Nunca había oído hablar de la encapsulación de la placenta, pero descubrí que podría ayudarme a no decaer”, contó Charlie Poulter a la BBC. “Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa y mi esposo me dijo que no importaba si se trataba de un efecto placebo, que no me haría daño”, reconoció esta británica de 30 años.

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