En boca cerrada, no entran moscas

¿Orgullosa de ser latina?

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En boca cerrada, no entran moscas
Foto: Shutterstock

Seguramente te ha pasado, te enteras del ‘chisme del año’ y tu reacción inmediata es pensar: “Tengo que contarle a tal persona”.

Déjame decirte que ése sentimiento de querer compartir las cosas buenas y malas que nos pasan o que les pasan a los demás, es algo normal, es esa necesidad interna que nos llena de cosquillas el estómago con ansiedad de ‘sacar’ de nuestro sistema lo que sabemos. Sin embargo, el hecho de que sea normal sentirse así, no quiere decir que sea correcto hacerlo.

Tengo un amigo al que estimo mucho, pero al que desafortunadamente no se le puede contar nada, y mucho menos algo que sea secreto. Ya sea una buena o mala noticia que le compartas, en cuestión de horas y sin necesidad de mandar un correo masivo a los demás o de publicarlo en redes sociales, toda la gente se entera. Pues les cuento que mi pobre amigo ha perdido amistades, oportunidades de empleo y su nombre por ‘abrir tanto la boca’.

Es un mal vicio que lo ha llevado a tener la reputación de chismoso. Aunque es una de las personas más simpáticas y amables que conozco, la gente a su alrededor se ha alejado de él porque saben que todas sus conversaciones serán repetidas con alguien más.

Los antiguos refranes dicen mucho de la vida. Nada más cierto que “en boca cerrada, no entran moscas”. Mi sabia madre dice que es cuestión de acostumbrarse a no hablar de más. Si te enteras de un chisme, no es tu obligación ir a compartirlo con los demás, si alguien te cuenta un secreto, mantén tu palabra, y si no quieres que la gente hable mal de ti, pues no les des armas en tu contra abriéndoles el libro de tu vida.

Pareciera que cuando le decimos a alguien “te voy a contar un secreto, júramelo que no le vas a decir a nadie”, le estuvieras dando permiso para ir a contarselo a alguien más bajo las mismas circunstancias y así en cuestión de días, tu secreto deja de ser tuyo para ser del dominio público.

Es por esto que tenemos que aprender a,  primero que nada, repetar las vidas de los demás y no ser tú el responsable de la mala fama de alguien o de ‘regar’ un cuento que quizás sea falso.

Antes de abrir la boca, piensa dos veces si vale la pena. Te aseguro que en el 99 por ciento de las veces, tu corazón te dirá que no. Si alguien te dice un comentario incómodo acerca de otra persona y tú estás presente, mejor quédate callado o contesta, “no está bien que hablemos de alguien que no está presente”.

Espero sus comentarios,

Carolina Sarassa

@CarolinaSarassa

www.CarolinaSarassa.com

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