Airbiznb o el negocio de alquilar tu casa como oficina para un extraño

Compartir espacios que no usas parece ser el negocio de hoy

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Airbiznb o el negocio de alquilar tu casa como oficina para un extraño
El periodista de la BBC Dougal Shaw (izq.) probó el alquiler de oficinas temporarias online en Londres.
Foto: BBC

Escribo este artículo desde mi laptop, sentado en la mesa de cocina en la casa de un extraño. Es una bodega reconvertida en el este de Londres, donde la ocupante, Jayna Cavendish, vive y enseña yoga.

Reservé el lugar a través del sitio Spacehop, un servicio de alquileres cortos que empezó a operar este mes. Está pensado para el creciente número de trabajadores independientes (freelance), que buscan espacios acogedores, compartidos y con alquileres cortos, para poder trabajar.

Pago $24.5 por día. Lo mismo que paga el joven empresario sentado en la otra punta de la mesa.

“No quiero trabajar en un espacio de oficinas de mala muerte”, dice Jonathan Mitchell, quien está lanzando un nuevo emprendimiento llamado Brothers WeStand, dedicado a la moda ética. “Y quiero un lugar que me inspire, pero también necesito mantener mis costos bajos“, agrega.

Alquiler temporario de oficina en Londres

“El invitado se irá para la hora que el dueño de casa regrese a su hogar”, me explica luego el co-fundador de Spacehop, Matthew Beatty, quien acaba de llegar. “Pero durante la tarde la casa es toda para ti“, agrega.

Para conseguir lo mismo a través de Airbnb habría que alquilar la propiedad por dos días, debido a los horarios de check-in y check-out de este servicio de alquiler.

Carrera por el espacio

Beatty –un médico de Irlanda de Norte– dejó su carrera de lado para jugarse por este negocio online. Pero si quiere tener éxito tendrá que moverse rápido, porque ya comenzó una “carrera espacial”.

Spacehop es solo una de una serie de compañías que usan la tecnología de la red para conectar a dueños de hogares con empresarios, creando una red de espacios de trabajo disponibles “a demanda”.

Es la manifestación más reciente del fenómeno de la “economía compartida”, cuyo objetivo es sacar el mayor provecho posible de nuestros “bienes ociosos”: nuestras casas y autos que permanecen vacíos y sin usarse la mayor parte del día.

Jayna Cavendish

La británica Jayna Cavendish es una profesora de yoga que alquila su casa como oficina de día.

Airbnb lideró el movimiento, mostrándole a la gente que podían alquilar los cuartos que no usaban a vacacionistas, y así sacar provecho de un mercado global de hotelería que genera $550,000 millones. Y ahora se ha abierto una nueva frontera que se enfoca en la comunidad de negocios.

Departamentos parisinos

“La economía colaborativa realmente nos inspira aquí en Francia”, dice Florian Delifer, en París. Su emprendimiento, OfficeRiders, creada en 2014, promete “hacer de tu hogar su oficina”.

El sitio de OfficeRiders

El año pasado la compañía manejó más de 1,300 reservaciones, con un crecimiento mensual del 20-30%, dice Delifer, quien tuvo la idea cuando visitó San Francisco (EEUU) en 2013 con un grupo de amigos, y les costó encontrar un lugar dónde trabajar con sus laptops.

“Nos dimos cuenta de que éramos un sector de trabajadores creciente y no nos gustó el gasto de espacio que veíamos a nuestro alrededor“, recuerda.

En estos momentos casi un tercio de las reservas de OfficeRiders son realizadas por “nómades digitales” que buscan un espacio compartido de trabajo, y pagan unos $11-16 por día.

La mitad son hechas por empresas que buscan espacios para reuniones fuera de sus oficinas, y que pagan más por tener acceso exclusivo.

Pero OfficeRiders cree que la mayor expansión futura vendrá del crecimiento de los trabajadores de la generación “millennial, aquellos que tienen entre 20 y 30 y tantos años.

Tomarse un respiro

La compañía estadounidense Breather fue una de las primeras en identificar esta demanda por espacios temporales de trabajo. Lanzada en 2013, ya tiene más de 100 sitios en las mayores ciudades de EEUU y Canadá.

Su red de salas empresariales informales –más que nada habitaciones que no se usan en edificios comerciales que han sido amenizadas con colchonetas para yoga y pizarrones plegables– están disponibles por hora para “profesionales de ingresos altos con buenas conexiones“, dice la empresa.

Departamento alquilado por Breather.

El acceso se maneja a través de un sistema de traba con código, que se controla a través de una aplicación móvil (app), y una persona de limpieza va al lugar después de cada reserva. Como todas estas compañías, Breather está poniendo a prueba su modelo de negocios con idea de una expansión global.

Notting Hill

Breather planea empezar a operar en Londres en 2016 y encontrará que Spacehop no es su único rival. Hay otra empresa que ya le lleva una ventaja de un año, aunque en este momento apunta a un mercado muy diferente.

Vrumi fue fundada por el exfinancista Roddy Campbell y su socio William Sieghart. Campbell tuvo su momento “eureka” cuando se rompió una pierna.

Tras consultar con su fisioterapeuta, descubrió que era más económico alquilar su sala de estar para realizar el tratamiento que viajar hasta la clínica alquilada por su terapeuta.

Empleados de Vrumi.

Vrumi ahora tiene más de 500 clientes y toma “docenas de reservas” cada mes. La mayoría son para el uso exclusivo del espacio, a un precio promedio de $85.6 por día.

Entre quienes usan el servicio hay terapeutas, masajistas, fotógrafos y aquellos que necesitan un espacio para una pequeña reunión empresarial.

Es fácil entender por qué alguien querría alquilar el impresionante departamento de Campbell en el cotizado barrio de Notting Hill, pero ¿qué pasaría con una casa normal en los suburbios?

La demanda podría ser generada por un tema geográfico, explica Campbell: trabajadores como los terapeutas o quienes practican reiki quieren poder alquilar, por una sola vez, algo cerca de sus clientes, por lo que una sala de comedor en una casa suburbana podría ser perfecta.

Mientras que los dos grupos principales que alquilan sus cuartos son los que quedaron con el “nido vacío” tras la partida de los hijos, y los jóvenes profesionales que necesitan el dinero extra, explica el fundador de Vrumi.

Confianza e impuestos

Trabajo compartido

Pero ¿cómo saber que estos trabajadores nómades no le harán daño a tu casa o no te robarán? Después de todo, ha habido algunos casos de alto perfil de propiedades alquiladas a través de Airbnb que resultaron dañadas.

Airbnb originalmente ofrecía una “garantía por huésped” de hasta $1 millón, en esencia una promesa de hacerse cargo de los gastos en caso de daños. Luego, en 2015, lanzó un seguro bancario que cubre accidentes, daños y reclamos de terceros.

La mayoría de las empresas dedicadas al “air-biz-nb” (alquiler para negocios) señalan que están siguiendo los mismos pasos.

Spacehop negoció una póliza que cubre hurto y daños. Vrumi está por incluir un seguro optativo que cubre el edificio, sus contenidos y la responsabilidad pública. Según Campbell, lo novedoso del modelo de negocios hizo que costara poder negociar una póliza específica.

El empresario resalta que se trata de un territorio nuevo. No pareciera haber asuntos legales polémicos para alquilar un cuarto para uso diario de esta manera, incluso si uno es inquilino y no propietario.

Tigre sobre un sillón.

Pero, a diferencia de los alquileres en Airbnb, uno debe pagar impuestos sobre las ganancias generadas por alquilar un cuarto. No hay exenciones impositivas en este negocio.

De vuelta en el estudio de yoga, me llama la atención que la dueña, Jayna Cavendish, haya elegido quedarse mientras sus huéspedes trabajan. Me acerco a charlar con ella y picar algunas de las cosillas que gentilmente nos dejó para comer. “Es mejor si estás aquí en persona“, me confiesa. “La gente respeta más la propiedad”.

– Dougal Shaw

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