¿Te caigo mal? La receta para cambiar eso

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¿Te caigo mal? La receta para cambiar eso
Foto: Shutterstock

Desde pequeña, mi madre siempre me enseñó que la mejor forma de ser feliz, era ser amable, independientemente de las circunstancias.

Cada día, nos encontramos con decenas de personas en nuestro camino. Con algunas nos toca trabajar, dependemos de los servicios que proveen, o simplemente,  tenemos que convivir con ellos.

Quien me diga que es posible tener una sonrisa en la cara todo el día, quizá está exagerando un poco. Al igual creo que sería una exageración pensar que “somos una monedita de oro’’ para caerle bien a todos. Lo que sí es posible, es estar en control y consientes de la forma en que reaccionamos.

Hace unos días, me tocó hospedarme en un hotel. Cuando ingresé a la habitación, me di cuenta que estaba demasiado sucia; era evidente que nadie había preparado el cuarto para el próximo huésped. Ya era tarde y bajé a la recepción para preguntarle a la señorita si podía darme toallas, cobijas, en fin, lo básico para por lo menos tener un lugar limpio.

Cuando llegué, ya había otro hombre hablando con la muchacha quejándose de lo mismo. El señor gritaba, pedía que le devolvieran su dinero y estaba muy ofuscado. A pesar de los insultos, la mujer amablemente le ofreció cambiarlo de habitación y hasta le dio un certificado para que utilizara el restaurante del hotel gratis.

Llego mi turno y antes de permitirme decirle lo que estaba pasando, me ofreció lo mismo. Rápidamente entré al elevador y me encontré con el mismo hombre que hace unos segundos estaba furioso. Por más que quise contenerme, tuve que decirle que no tenía por qué ser tan grosero con la empleada del hotel que no tenía la culpa de lo que había ocurrido.

En cuanto empecé a hablar con él, se puso a llorar y me dijo “si, me siento muy mal de haberle hablado así a la señorita. Mi esposa acaba de pedirme el divorcio y por eso me estoy quedando en el hotel esta noche”, salió y se fue a su cuarto.

Me acordé tanto de las palabras de mi madre. Nunca sabemos que batallas están librando los demás, nunca sabemos por qué alguien te miró mal o por qué tal vez ese nuevo compañero de trabajo no es amable. Lo que sí sabemos es que cada persona es un mundo y solo nosotros podemos controlar el nuestro.

No hay excusa para la forma en que dicho hombre se comportó con la joven en el hotel, sin embargo, si existe una explicación para la forma en que ella actuó. Por más incómodo que fuera ese momento, ella decidió no perder la compostura y darle amor a una persona que sin ella saberlo lo necesitaba.

Espero sus comentarios,

Carolina Sarassa

@CarolinaSarassa

www.CarolinaSarassa.com

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