Cinco pasos fáciles para enseñar a los niños a meditar

Crearles el buen hábito de la meditación desde que son pequeños les facilitará relajarse y disminuir su estrés cuando sean más grandes

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Cinco pasos fáciles para enseñar a los niños a meditar
Forjar el hábito de meditar desde niños puede ser una valiosa herramienta para cuando crezcan.
Foto: Shutterstock

Los beneficios de la meditación son tangibles y reales, incluso han sido reconocidos por estudios e investigaciones médicas, pues meditar diariamente reduce el estrés (ese asesino silencioso) y fortalece el sistema inmunológico.

Quizá lo más difícil de meditar sea lograr el hábito; encontrar el tiempo necesario, aunque sean 10 minutos diarios, para sentarnos y realizar esta saludable práctica. ¿Qué tal que hubiéramos comenzado a meditar desde niñas? Hoy veríamos esta rutina simplemente como una costumbre más, tal como lavarnos los dientes o desmaquillarnos.

Por eso, si tienes pequeños en casa, es un buen momento para acercarlos al mundo de la meditación y forjar en ellos el hábito de hacerlo unos minutos diariamente. Cuando crezcan y tengan sus muchas preocupaciones propias del mundo adulto, esta habillidad adquirida desde su infancia será una valiosa herramienta para enfrentar los retos que plantea el mundo.

Enséñales a meditar en 5 sencillos pasos

  1. El primer paso se refiere a ti. Lo primero que debes sacudirte son tus expectativas. Un pequeño de 5 o 6 años no podrá estar más de 10 minutos en meditación, mucho menos al principio. Así que no le obligues; el tiempo que pueda pasar el niño en actitud contemplativa está bien, así sean 3 minutos. Tampoco esperes posturas perfectas ni respuestas perfectas.
  2. Lo primero que deben aprender –tú y el niño- es a respirar. Acuéstense cómodamente boca arriba, sin zapatos, y coloca su juguete favorito sobre su abdomen. Pídele que inhale profundamente y que, al hacerlo, empuje el juguete con el estómago. Esto le ayudará a practicar la respiración diafragmática. Practica tú primero antes de mostrarle cómo.
  3. Sentados cómodamente, pídele mantener la espalda recta; si es necesario apóyense sobre una pared. A continuación pídele cerrar los ojos, respirar con el estómago e imaginar cosas sencillas en cada inhalación y en cada exhalación. Por ejemplo, pueden imaginar que al inhalar, introducen flores a su cuerpo y al exhalar, liberan burbujas de jabón; también pueden intentarlo con colores, inhalan rojo y exhalan azul. No le hables de estrés, tensión o ansiedad; esas son palabras que usamos los adultos.
  4. Mantén la práctica así durante un par de semanas. Cuando tú y el pequeño estén más habituados pueden comenzar a imaginar espacios: un campo lleno de flores, una playa desierta y soleada, un cielo lleno de nubes donde vuelan. Conforme avancen y disfruten su práctica, pueden hacer cada uno su propia meditación y compartirla mutuamente al final.
  5. Al terminar su meditación, abran sus ojos muy lentamente y compartan su experiencia durante la meditación. Deja que te cuente cómo se sintió, qué sensaciones tuvo, cuál fue su aprendizaje y escucha con atención. Te sorprenderá lo que puedes aprender del pequeño si le prestas tus oídos.

Una última recomendación: la mejor manera de enseñar algo es a través del ejemplo, así que si quieres enseñar a tus pequeños a meditar, tú eres la primera que debe hacerlo con constancia y disciplina.

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